Por su puesto que sí. Sin duda alguna. Dios no cambia. Si él no está de acuerdo ahora, nunca lo estuvo. Sin embargo, existen dos condiciones en las que los hijos de Dios pueden estar en un momento dado. Usted y yo, todos nosotros los creyentes, estamos o en obediencia de la voluntad aceptable de Dios o en la voluntad perfecta de Dios.
Sansón es un ejemplo ideal sobre este aspecto de la voluntad de Dios. Aunque Sansón fue ungido con tanta o mayor unción que cualquier otra persona en el Antiguo Testamento, guiado por su carnalidad, éste fue tras mujeres de otra fe. Dios continúa llamándole Juez (Sansón fue uno de los Jueces de Israel), y en el Nuevo Testamento lo identifica como uno de los Héroes de la Fe. Pero…¿No estuvo Sansón en pecado? Sí. Sansón era un pecador, como lo soy yo y cada uno de los lectores de esta página de circulación mundial. Si Dios no renovara su perdón cada día, ninguno tuviéramos oportunidad de salvación.
En resumen, debemos entender que las condiciones en ese entonces eran muy diferentes. Estas condiciones no justifican el pecado que Abraham cometió, ni justifican el pecado que de igual manera cometieron Salomón y David. Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado mucho y las reglas del juego han sido re-establecidas y re-afirmadas por el mismo Jesucristo. Mirar con lascivia a una mujer, al igual que consumar la relación sexual con una mujer ¡o con un hombre! (ya que los casos de adulterio por parte de hombres casados, con otros hombres, en vez de lo esperado, con mujeres, se ha convertido en algo común) resulta en un pecado estrictamente prohibido por Dios.
El Nuevo Testamento no deroga nada. Como ya establecimos, desde los tiempos del Antiguo Testamento, el adulterio no era permitido. Lo que Jesús hizo en el Nuevo Testamento fue ampliar sustancialmente la cobertura de lo que, por definición, consiste en adulterio. Dios no cambia.
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